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Hemos dejado atrás las vacaciones, y ya nos encontramos en plena vuelta a la rutina: trabajo, clases, colegio… Sin embargo, este curso es probable que encontremos alguna novedad entre las asignaturas impartidas a nuestros hijos, ya que cada vez más centros educativos de primaria y secundaria optan por incluir en su temario disciplinas relacionadas con la programación, el código y la robótica: una práctica cada vez más extendida en Europa, el norte de Asia y EE.UU. Bizintek te cuenta por qué… .

No se trata simplemente de preparar a las nuevas generaciones para un mercado laboral que demanda cada vez más profesionales en el área de las TIC. Es mucho más: la enseñanza de programación aumenta la motivación, construye la autonomía y desarrolla la creatividad de los alumnos, además de descubrir nuevas formas de utilizar los ordenadores.

El ordenador, más que una extensión del cuaderno

Es cierto que el uso de material informático no es novedoso en las aulas, y gracias a la fabricación de nuevos equipos –más económicos y resistentes–, muchos pequeños cuentan ahora con un netbook entre sus herramientas escolares cotidianas. No obstante, la función tradicional que se ha dado a estas tecnologías es la de un complemento de apoyo, a modo de extensión del libro, el cuaderno o la pantalla-pizarra.
Sin embargo, en otros países de Europa como Francia, Inglaterra o Suecia, en las escuelas se imparten asignaturas relacionadas con programación y robótica desde 2014. Sin ir más lejos, el joven ministro de educación del país nórdico, Gustav Fridolin, se planteó como reto incluir este curso nociones básicas de programación y robótica en los programas educativos para niños de entre 6 y 8 años. “Necesitamos más programadores. Es una disciplina que requerirá más personas en el futuro, ya que la programación interviene en nuestras vidas a niveles cada vez mayores”, justificó el mandatario escandinavo.

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¿Qué aporta la programación a los estudiantes?

Al igual que en Bizintek trabajamos a diario para anticipar las necesidades del futuro, las autoridades suecas interpretan que la digitalización está cambiando el mundo, los espacios de trabajo y la sociedad en general. En opinión de Fridelin, “la escuela nos debe preparar para una vida en la que todos deberíamos entender cómo funciona la programación, para poder ser ciudadanos conscientes y responsables”.
Pero no solo eso. Además de preparar a los escolares para un mercado laboral cada vez más digitalizado, la programación permite desarrollar los procesos personales de autocorrección y búsqueda de errores, aprendiendo por ejemplo a depurar un programa que no funciona correctamente. Se crea todo un entorno educativo que plantea problemas complejos, familiarizando a los pequeños con conceptos que pueden resultar complicados para cualquier adulto, como la algoritmia o la recursividad.
Puede resultar extraño, pero la programación ya irrumpió en el sistema educativo norteamericano a principios de los 70 con lenguajes como el icónico Logo, una potente herramienta para todos los jóvenes que se sentaban por primera vez frente a un ordenador. Creado con fines didácticos, Logo era un entorno cuyas características permitían que los alumnos aprendieran programación en las escuelas desde edades muy tempranas con un doble objetivo: asimilar de manera más eficaz determinadas materias (por ejemplo, matemáticas) y desarrollar una serie de habilidades como el pensamiento computacional.

La escolarización de la tecnología

Más recientemente, gracias a nuevos sistemas baratos como Raspberry Pi –un pequeño ordenador de apenas 30 euros de coste–, se han podido crear aulas de informática en zonas rurales de varios países africanos. Este tipo de iniciativas son un pilar fundamental para la formación de estudiantes que, en cada vez más lugares, comienzan a aprender ciencias de la computación y programación cada vez más pronto. Al igual que Arduino, esta herramienta surgió con la meta de facilitar a alumnos y docentes sistemas asequibles con los que poder aprender a programar y desarrollar proyectos de complejidad variable en función de la edad.
¿Les suena de algo? Así es, son los mismos pilares que sirvieron a Bizintek Innova para hacer realidad el robot educativo Moway hace ya diez años, un proyecto de éxito destinado al aprendizaje de la robótica de forma divertida: es el complemento educativo perfecto para los colegios de la era 4.0. Se trata de un dispositivo escalable y asequible, que planteó toda una serie de retos para nuestra ingeniería en términos de diseño, microelectrónica, mecatrónica y programación. Pero eso ya es otra historia…